martes, 6 de septiembre de 2016

1.2 SEXO

Respecto a la palabra sexo, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define como: “Condición orgánica, masculina o femenina, de los seres humanos, los animales y las plantas. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino.” Se trata entonces de una noción referida al orden biológico:

§  Los seres humanos nos dividimos en dos grandes grupos, mujeres y hombres, con base en las diferencias sexuales anatómicas o diferencias genitales. Las más visibles son: en el sexo femenino, la vulva; en el masculino, el pene. En otro sentido se refiere al acto de sostener relaciones sexuales: “vamos a tener sexo”.


§  A lo largo de la historia, y tradicionalmente, lo que ahora llamamos identidad sexual se ha construido a partir de las características sexuales anatómicas. Esta identidad es el sentimiento de pertenencia a uno u otro sexo, también llamada identidad de género.
  

o     1.3 GÉNERO
Esta noción es de orden sociocultural y se refiere a la forma en la que, a lo largo de la historia, los grupos sociales han definido lo que significa ser mujer u hombre, es decir, lo que define cómo se comportan las mujeres y los hombres; qué actividades les son propias; cuáles deben ser las características sociales, psicológicas, emocionales, etc., que distinguen a unos de otras. En síntesis, es lo que la sociedad espera de las personas, en función de su identidad como mujeres o como hombres, así:

La educación de niños y niñas, tanto en la familia como en la escuela, se basa en esta expectativa, por lo que desde el nacimiento se nos instruye en las actitudes, roles, rasgos culturales y prácticas que nos identifican como mujeres o como hombres.

 Desde un enfoque de género, una cosa es nacer hombre y mujer, y otra diferente es serlo o, mejor dicho, sentirse como tal.
1.4  ¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD O EDUCACIÓN SEXUAL?
La niñez y la adolescencia son etapas definitivas en el desarrollo durante las que se requiere una educación que incorpore a la sexualidad entre sus temas, por su importancia como estrategia para mejorar la calidad de vida actual y futura, y porque se trata de un reconocido derecho.

El objetivo de incorporar una educación integral en sexualidad desde la infancia, es favorecer la adquisición gradual de información y conocimientos necesarios para el desarrollo de las habilidades y actitudes apropiados para vivir plena, saludable y satisfactoriamente, así como para reducir riesgos de salud sexual y reproductiva.

Para cumplir con este objetivo, es necesario fundamentarlo en los valores que enfatizan la dignidad humana: la igualdad, la responsabilidad, el respeto, la confianza y la tolerancia.  Una base suficientemente sólida como ésta, hace posible abordar las distintas formas de placer, tomando en cuenta las interacciones con los otros, además de involucrar los sentimientos y buscar el equilibrio emocional.

Por lo anterior podemos definir a la educación sexual como:

El conjunto de acciones de enseñanza-aprendizaje que favorecen el desarrollo de las capacidades sexuales, entre ellos, los conocimientos bio-psico-sociales necesarios, como parte de la formación integral y en armonía con las demás facultades. La educación sexual se orienta también hacia el logro de una buena interrelación con las otras personas, estimulando la espontaneidad y la comunicación; el respeto y la estima, para vivir la sexualidad de manera sana, positiva, consciente y responsable, en el marco de su cultura, su época y su sociedad.

Para los fines de la labor de instructoras, instructores y promotoras y promotores, nos enfocaremos fundamentalmente en adolescentes y jóvenes, ya que como se afirma en la introducción, son quienes viven más expuestos a embarazos no deseados o no planeados; al contagio del VIH/SIDA o de infecciones de transmisión sexual (ITS); así como a abusos y otras problemáticas sociales relacionadas.

Debido a que la educación de la sexualidad es actualmente una demanda social, basada en el derecho de niñas y niños, y de los y las adolescentes, a ser informados, es indispensable que las figuras educativas sean capaces de comunicar información adecuada y correcta, a fin de consolidar a la salud sexual como un factor vital para cada individuo.
De esta manera, estarán promoviendo que adolescentes y jóvenes se inicien en el ejercicio de su autonomía y tengan una vida más plena, libre, sana, asertiva y responsable, basada en los valores antes mencionados.

Todo lo anterior significa abordar un tema que se ha evitado durante décadas, descalificando su importancia por considerarlo impropio, sucio o pecaminoso. Actualmente se le reconoce como parte del ejercicio de la libertad, por lo que resulta natural atenderlo.
















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